Pero no es así, podemos ver actualmente dos posturas extremistas y equivocadas sobre la sexualidad:
| En un extremo se encuentra la postura hedonista y utilitarista en donde el único objetivo es satisfacer los impulsos y los sentidos, lo más importante es el placer y la gratificación física, y el que YO me sienta bien. Lo más grave de esta postura es reducir a las personas a simples objetos sexuales y medios de bienestar. | |
| En el otro extremo nos encontramos con la postura que ve la sexualidad como un tabú, como algo que causa vergüenza, que es sucio e indigno, y que solamente se puede tolerar, para la procreación, algo así como un mal necesario. |
Ambas posturas son equivocadas, ya que la concepción recta de la sexualidad (por llamarla de una forma), es la que la da su justo valor como un don de Dios, dado al hombre para hacerlo co-partícipe de la creación por medio de la fecundidad que surge de la entrega de amor esponsal entre el varón y la mujer.
La sexualidad va de acuerdo con el plan de Dios cuando respeta sus dos fines: UNITIVO y PROCREATIVO.
Unitivo: es decir, cuando la sexualidad es un medio para expresar amor. Por ejemplo los esposos cuando ejercen su sexualidad, es un acto de entrega y por tanto es bueno y lícito, que gocen del placer que la relación sexual conlleva. De hecho este placer físico también es una capacidad que Dios ha dado al hombre y que tiene como fin la unión de los esposos.
