Entre los 11 y los 13 años los niños dejan de serlo, muy a su pesar en algunas ocasiones. Va quedando atrás una etapa de ingenuidad e inocencia que no puede alargarse más porque las transformaciones corporales plantean nuevas sensaciones, no siempre agradables.Los chicos y las chicas se buscan y se evitan mutuamente, como en un juego de seducciones y rechazos recíprocos que trae más angustias que alegrías. Ambos son cada vez más conscientes de la metamorfosis que padecen, aunque muchas veces prefieren hacer la vista gorda y los oídos sordos.
A esta edad, la sexualidad dormida, como la de la Bella durmiente, se agita en sueños, fantasías y emociones intensas
Hay que salir del limbo de la época de latencia para seguir el camino del crecimiento hacia la vida adulta.
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